EL PRINCIPE DE PAZ
Nuestro ministerio es un proyecto de evangelización de respuesta directa

FUNDAMENTO DOCTRINAL


I.  La vida y misión de Jesús:

Jesús es revelado en las Escrituras como Hijo de Dios (Mt.3:17; Jn.1:1ss), Rey de reyes (Ap. 19:16). El esperado Mesías (Jn.1:41). Dios nos manda a Jesucristo por un nacimiento milagroso (Lc.1:26-38). Su vida y sus enseñanzas, sus milagros y su triunfo, cumpliendo con redención por medio de su muerte en la cruz y su resurrección, demuestra su verdadera identidad (Col. 2:13-14).

La misión de Jesús en la tierra era que necesitabamos de un Salvador para rescatarnos del pecado y que nos enseñara el camino hacia la vida eterna: Todos nos descarriamos como ovejas, cada uno por su camino, y Dios cargó sobre él todos nuestros pecados (Is. 53:6) y arrojó hasta el fondo del mar todas nuestras iniquidades (Mi. 7:19) y no volverá a recordarlas (Jer. 31:34).

Jesús enseñaba con parábolas, ilustraciones, con milagros y señales, el poder y la autoridad que su Padre le dio (Lc. 4:32; Jn.8:28). Jesús predicaba y anunciaba las buenas nuevas a quienes quisieran oirlas (Mt. 13:9). Vino para demostrar el amor y la misericordia de Dios (Rm.5:5-11). 

Que el reino de Dios ha venido y Dios está con nosotros (Mc.1:15). Estas buenas nuevas son verdad y nos porporciona libertad (Jn.8:32), esperanza (Hch.24:15),  paz (Jn.14:27) para nuestras almas y corazones, y la promesa de la vida eterna (Rm. 6:23).

La misión de Jesús está planteada desde cuando comienza su ministerio público: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año de gracia del Señor (Lc. 4:18-19). 

Cristo murió y resucitó demostrando que tiene toda autoridad y todo poder como el Rey verdadero (Jn.5:19-29). Tubo victoria sobre la muerte y estableció su poder sobre el mal y nos prometió que vendrá otra vez (Jn.21:22).

Su ejemplo de ministerio nos lo ha dado, para que nosotros como seguidores de El, continuemos su misión encomendada en Mateo 28:19-20: Por tanto id todos y haced a todos discípulos en todas las naciones, dándoles todo bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a todos que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy todo con todos vosotros, todos los días, hasta el fin (todo) de todo el mundo (todo lo que existe).


II. La vida y misión de la Iglesia.

La vida y misión de la Iglesia es conducir a toda persona a Dios, por medio de Jesucristo. La Iglesia es llamada a ministrar a donde quiera que Cristo nos llame a servir y a testificar (Hch.1:8). Nosotros, la Iglesia de Jesucristo, podemos guiar nuestras vidas y la de los demás con eficacia, cuando personificamos las enseñanzas de Jesús, mediante el servicio y el liderazgo de nuestras vidas.

Como iglesia local, Dios nos llama a clarificar nuestra fe y a expresar nuestras experiencias con palabras (Mt.10:27), para nuestro provecho y para el testimonio ante los demás (Mt. 24:13-14). Juan Wesley recomendó que usáramos las Escrituras, la tradición, la experiencia y la razón, como criterio para reflexionar sobre el encuentro histórico de Dios con los seres humanos, su regalos de gracia previniente, justificadora y santificadora, para fundamentar el ministerio de la iglesia local.

La gracia es un don de Dios, son los regalos que Dios nos ofrece. Para Juan Wesley existen tres gracias: la gracia previniente, la que nos lleva a buscar de Dios y a huir del mal. La gracia justificadora, la que Dios nos da para que aceptemos por fe la redención de Cristo mediante el arrepentimiento de los pecados y la salvación para la vida eterna.

 La gracia santificadora es la que nos acompaña por el resto de nuestra vida en los caminos del Señor Jesús, es la que nos lleva a perseverar hasta el final.

Ahora, para poder perseverar en la gracia santificadora y llegar a ser buenos lideres en la iglesia, Cristo instituyo unos medios de gracia para el sostenimiento de nuestra fe, el crecimiento de la vida espiritual y la producción de los frutos abundantes de la fe y las buenas obras. 

Esos medios de crecimiento o de gracia son como el vestido para el cuerpo, que nos permite ser presentados dignos y santos por el poder del Espíritu Santo. Conlleva la rectitud, la disciplina y toda la vida del discipulado cristiano.

Para crecer en santidad se deben poner en práctica los medios de gracia, tales como leer la Biblia todos los días. Orar todos los días. Congregarse en adoración con otros cristianos. Tener compañeros cristianos. Dar testimonio de su vida cristiana, no solo con el buen ejemplo y rectitud de vida, sino hablando a otras personas de las buenas noticias del evangelio de Cristo.

Apreciemos el regalo de la salvación y de la vida eterna (Rm. 6:23), es don de Dios (Ef. 2:8; Jn. 3:16) y se alcanza por nosotros mismos (Jn. 1:12). “Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, dijo San Agustín, un autor favorito de Juan Wesley, quien también recuerda: “tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva...Tarde de amé! Tu estabas dentro de mí y yo fuera... y por fuera te buscaba... y Tú estabas dentro”. 

De ahí que afirme: “Angosta es la casa de mi alma para que vengas a ella: sea ensanchada por ti. Ruinosa está: repárela”.  Tiene sentido para usted? Pues reciba hoy este regalo.

Por eso es que la Iglesia Metodista Unida nos invita a todos a tener en cuenta estas normas: comprender nuestra fe en el amor de Dios revelado en Jesucristo, en una forma más y más profunda y dar a este amor una expresión más y más eficaz. Nos invita a que permitamos que este amor sea testificado eficazmente con nuestras palabras, con nuestras obras, con nuestra misión y con nuestra vida.

Como iglesia local necesitamos una total identificación con el pueblo al cual estamos tratando de alcanzar. Necesitamos el don del Espíritu Santo para la realización de esta tarea. 

Como cristianos y dsicípulos de Jesucristo debemos mantenernos constantes en la oración y ayuno, y esperar la dirección del Espíritu Santo, para alcanzar las almas que aún no conocen a Cristo.

Nuestra relación con Dios es un privilegio. El ministerio cristiano es expresión de la mente y de la misión de Cristo, por una comunidad de cristianos que demuestran una vida de gratitud y devoción, de testimonio y servicio, de celebración y discipulado. 

Todos los cristianos somos llamados a este ministerio de servicio, para la honra y la gloria de Dios y para la realización del ser humano.

Estamos listos para servir?  La iglesia local tiene un compromiso de buscar y alcanzar a los perdidos, dirigir y nutrir a estas personas a una vida nueva en Cristo. 

Esta es la tarea del evangelismo de la Iglesia, es la razón de la existencia de la iglesia y es la importancia de su presencia en el mundo. Su vida es evangelizar. 


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